Entrevista a Natalie Bookchin

por Isabel Cano

¿Cuáles son las principales referencias de tu trabajo? ¿Cuándo elegiste el net art, y por qué?

Empecé a trabajar con internet en los 90 como un sitio, un medio y una plataforma de distribución. En ese momento, trabajar en y sobre la Web me permitió llegar a un público más amplio y diverso y tocar temas tangenciales al utopismo y el clamor celebratorio que dominó los primeros años de internet.

En los 24 años que han pasado desde que internet se hizo público, la brecha entre ricos y pobres se ha hecho más profunda, los trabajos seguros y la red de seguridad prácticamente se han disuelto y la división política se ha hecho más presente en Estados Unidos. Mi trabajo explora las uniones entre esas tendencias, tratando de arrojar luz sobre qué está en juego cuando el suelo se hunde bajo las clases bajas y medias. Explora las maneras íntimas en que la gente común interactúa con tecnologías creadas y controladas por Silicon Valley y el ejército. Examina cómo esas tecnologías y sistemas de algoritmos moldean y alteran lo que somos, como lo vemos y conocemos y las verdades que contamos sobre nosotros y el mundo.

En 2008, mientras las redes sociales rehacían internet, empecé a trabajar con vídeos encontrados de gente que se grababa a sí misma en frente de sus cámaras conectadas a la red. Eran tiempos más inocentes, antes de que Twitter echara a volar, antes de la Primavera Árabe y antes de que el abuso online fuera realmente malo, y los vídeos revelan la confianza a menudo encantadora que la gente todavía siente en internet. Aunque muchos críticos han hablado efusivamente sobre las posibilidades democráticas, incluso revolucionarias, de estas nuevas formas de comunicación, yo quise ofrecer una imagen más compleja: mostrar cómo estos vídeos extrañamente públicos y privados reflejan el aislamiento y el deseo de espacios públicos, interacción social y comunidad.

En esta obra, recopilé y edité fragmentos de vídeos encontrados, dándoles forma de montajes espaciales que revelaban y reimaginaban las subjetividades superpuestas y la interconectividad de los vídeos mismos. Toqué temas que van desde el desempleo masivo hasta el aumento del nacionalismo blanco y la discordia racial en la era Obama. Hay insinuaciones a los coros griegos en algunas obras, donde la gente corriente reflexiona sobre los acuerdos y desacuerdos de los poderosos, los «reyes y dioses» de la sociedad.

¿Por qué diste el salto de las artes visuales a las interactivas?

En realidad considero que todas las artes visuales son interactivas, y no hago esa distinción entre las distintas formas [de expresión].

¿Qué te inspiró para crear The Intruder?

 Sobre 1997, cuando empecé a trabajar en The Intruder, llevaba un tiempo queriendo hacer arte sobre la ausencia y marginalización de la mujer en los espacios tecnológicos. A medida que desarrollaba esta obra, me topé con el cuento de Borges sobre una intrusa femenina en el mundo de un hombre, y pensé que encajaba perfectamente con mi idea. Decidí contar otra vez esa historia como una especie de juego. Solo que uno con un final muy, muy malo.

¿Crees que las mujeres siguen siendo intrusas en los videojuegos?

Bueno, hoy en día son más juegos para ordenador en vez de videojuegos, pero sí, por supuesto; incluso aunque las mujeres sean un porcentaje alto de los jugadores, los hombres aún dominan el medio y producen la mayoría de los juegos, y las representaciones de mujeres siguen tendiendo a ser estereotípicas y sexistas. Cualquiera que comente o critique este hecho es atacado en las redes sociales. Los videojuegos necesitan desde hace tiempo más intervenciones feministas.

Si tuvieras que hacer The Intruder hoy, ¿cambiarías algo?

¡Intentaría evitar el software propietario y haría que todavía se pudiera ejecutar!

¿Crees que los videojuegos pueden ser usados como herramientas de resistencia? ¿Pueden los videojuegos cambiar algo, o son solo juegos?

Todas las formas culturales pueden cambiar las cosas, para mejor o para peor.

¿Tienes planes de hacer otra pieza como Now he’s out in public and everyone can see sobre el sexismo?

La última pieza en la que estoy trabajando es una película titulada provisionalmente How to Live In It, que tendrá forma de un poema épico didáctico narrado por la élite tecnológica, los (mayormente) hombres cuyas herramientas afectan a casi todos los ámbitos de nuestras vidas. Usando sus propias palabras, exploraré las ambigüedades ideológicas y morales de sus posiciones, predicciones y productos. Coros de gente corriente dando contrapuntos y haciendo percusiones se entremezclarán con estrofas de poesía, compuestas por vídeos DIY [do it yourself; hazlo tú mismo; NdT] de «cómo se hace» con lecciones para sobrevivir en un mundo en crisis. Insinuando a sus precursores antiguos, el poema consistirá de lecciones sobre cómo vivir, sacadas de los discursos públicos de los tecnólogos, armados en verso con rima, mientras no dejan de hablar sobre sus visiones que cambiarán el mundo, incluidas sus filosofías del éxito, la unión de humanos y ordenadores y los futuros de la humanidad. Los coros sugieren maneras creativas de esquivar o resistir a los excesos y locuras de los reyes.

¿Crees que el ciberactivismo es necesario? ¿Te ha ayudado o cambiado el ciberactivismo?

Mis proyectos son políticos pero no los llamaría activismo per se. Creo que en el activismo tienes que ofrecer una respuesta, y yo estoy más interesada en hacer preguntas.

Searching for the truth

¿Creaste Searching for the truth como si fuera un videojuego narrativo online? ¿Qué verdad buscabas con esa obra?

Esa fue una obra que cree, en forma de página web con hipervínculos, en el 2000 sobre el papel de los motores de búsqueda y sus algoritmos en la manera en que entendemos y buscamos la verdad. Fue creado en un momento en el que Google aún no había monopolizado por completo el campo de los motores de búsqueda, y podías intentar encontrar distintos resultados en diferentes buscadores.

¿Qué mensaje querías transmitir con Testament?

No tenía un mensaje per se. En esta obra investigaba las tensiones entre lo público y lo privado y lo individual y lo colectivo. Testament y otras obras que hice en ese periodo están a medio camino entre la colaboración con y la intervención a los algoritmos de Google. Busqué en bases de datos online en busca de vídeos, intentando eludir los sesgos algorítmicos del buscador, y rescaté vídeos perdidos en la cacofonía, enterrados por los algoritmos secretos en favor de información más «compartible».